LA TORTURA: un rayo que no cesa en la España de hoy (Una trilogía escrita hace años y por desgracia en plena actualidad)
es un texto del miembro de la RED VASCA ROJA Oriol Martí fechado en enero del año 2002.
NOTAS SOBRE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LAS SOCIEDADES DE DEMOCRACIA REPRESENTATIVA Y, EN PARTICULAR, LA HISPÁNICA.
Dedicadas a mi hija María Ferrer. La paternidad no es solo una cosa natural, es decir, que viene dada por la naturaleza, sino también es una función social, inserta en el orden de la cultura. María fue una aventajada alumna mía.
Hoy nos reúne aquí un acto político en un recinto universitario y, en consecuencia, por muy político que sea, no podemos olvidar el lugar donde se realiza: la Universidad.
La Universidad, desde hace siglos ha tenido una triple función: de una parte, la de la enseñanza, que Blas Pascal resumía en el siglo XVII, diciendo que los estudiantes debían ir a buscar a la Universidad un nivel alto de abstracción. La institución universitaria tiene como función principal la transmisión del saber y su renovación, pero no es la única.
La Universidad cumple también una segunda función. "Universidad", como su nombre indica, remite a que el conocimiento sea universal, a la voluntad de pensar globalmente las cosas y supeditar el especialismo a este pensamiento teórico, más general. No ha de extrañarnos pues que en el escudo de otra Universidad de Barcelona, rece la frase: Perfundet omnia luce, que sintetiza esta vocación de racionalidad y de universalidad.
En tercer lugar, la Universidad tiene un carácter eminentemente crítico: es uno de los lugares privilegiados para la crítica del orden social realmente existente. Sea cual sea, ha de ser cuestionado permanentemente. La situación de crisis generalizada del capitalismo hace que estas tres funciones de la institución universitaria se encuentren en la actualidad amenazadas y ponen en cuestión su propia continuidad.
Así pues, lo que hoy nos congrega es un acto contra la tortura, que es un acto político pero también universitario, y por este motivo lo he preparado como una clase, donde interconectaré conceptos y saberes procedentes de tres disciplinas: la biología, el marxismo y el psicoanálisis.
1.- La repetición.
De nuevo hemos visto repetida la pesadilla del verano del 92 y, de nuevo, se ha repetido el horror: la violación sistemática del supuesto Estado Social y Democrático de Derecho. Cada vez se repite con mayor claridad la idea de que ni es social, ni es democrático, ni es de derecho. La pesadilla surge de nuevo y el "ser culpable" antes que inocente se convierte en la repetición habitual. De ahí la indignación que me ha llevado a escribir estas líneas y a desear participar en este acto: indignación política, pero también indignación personal: el Sr. Cardenal, Director General de la Guardia Civil, esta vez se ha atrevido a tocar una hija mía; lo vi con asombro en un Informe Semanal, en un hotel de un lugar donde había ido a dar unas conferencias: Una alumna mía, había pasado una experiencia atroz durante su detención, bajo la Ley Antiterrorista. Como padre esto no podía pasarlo por alto.
Todo se repite idéntico, monótono, desoladoramente igual, terrible. De la misma forma que la enfermedad psíquica, se expresa con la compulsión a la repetición, la enfermedad política se expresa con la compulsión a la represión. La persona que tiene problemas psíquicos, no quiere o no puede comprender por qué repite y presupone, erróneamente, que nunca más se equivocará de autobús, mañana empezará a hacer régimen o bien esta es la última copa de alcohol que toma.
¿Por qué motivos la persona que se equivoca de autobús, que no empieza nunca el régimen o sigue bebiendo no abandona algo que "objetiva y racionalmente" dice que la hace sufrir? Porque siguiendo a Freud, obtiene unos beneficios secundarios de su malestar.
¿Por qué motivos el represor reprime? Porque sabe que es imprescindible para mantenerse en el poder y lo que es más importante, renegar de la existencia de un problema existente en la sociedad: aquello que se reprime políticamente, con violencia, es el síntoma de un conflicto social, su punta de iceberg. Atacando el síntoma y renegando del conflicto nunca arreglará nada. La función de la represión política, es una función condenada a la repetición, es como aquel niño que vaciaba, en presencia de San Agustín, el mar con una concha.
Así como hay seres humanos muy inteligentes, que construyen sofisticados mecanismos para justificar su sufrimiento psíquico y las repeticiones que conlleva, aquellos que practican la represión, como principal práctica política, construyen a menudo explicaciones en las que se pone en primer plano el síntoma político y nunca el conflicto social. Investigaremos a continuación las tipologías de represor que podemos rastrear en la historia.
2. Represión y ética política.
Puesto que estamos en una facultad de Ciencias Políticas y Sociología, me referiré a algunos de los grandes reaccionarios que han indagado sobre la necesidad de la represión. La tarea de la represión tiene su propia ética, que encuentra sus raíces en el discurso de dominación en que se inserta, en su lógica, en los intereses reales que defiende y en su calidad teórica.
Fue Louis Adolphe Thiers (1797-1877), defensor de la monarquía parlamentaria francesa y gran reaccionario, el cual en 1871, hizo un finísimo análisis de clase y reprimió con una extraordinaria violencia la primera experiencia socialista, la Comuna de París. Thiers, teorizó con mucha fuerza que esa experiencia debía terminarse como fuera, para que no cundiera el ejemplo... y fue consecuente. La represión extrema fue adornada con otras cuestiones secundarias que se relacionaban con la estrepitosa derrota militar de Napoleón III en Sedan. Thiers lo tenía claro: el discurso de la dominación exige represión y ésta necesita ser teorizada con argumentos mínimamente sólidos. Pero destruyendo la Comuna de París con extrema violencia, Thiers solamente atacaba el síntoma de un conflicto social nuevo: La Clase Obrera se había hecho mayor de edad, y los trabajadores ya sabían positivamente que podían autoorganizarse y controlar la propiedad de los medios de producción.
Volvamos a Thiers: ¿De donde había sacado sus argumentos?
Thiers extrajo sus argumentos de otro gran reaccionario anglosajón, Edmund Burke (1729-1797), que había muerto el año en que había nacido Thiers. Las doctrinas políticas de Burke se sintetizan en su libro Vindicación de la sociedad natural. Campeón del antiracionalismo y defensor de la continuidad de las instituciones del antiguo régimen, fue uno de los principales críticos de la Revolución Francesa y de las ideas políticas que la habían configurado.
Burke, defendía que la virtud de las instituciones humanas se encuentra en su continuidad histórica: la tradición, las costumbres y las sólidas ideas religiosas. Defendía la visión del Estado como un organismo vivo, inaugurando una corriente de pensamiento que tendría repercusiones a lo largo del siglo XIX. Burke atacaba despiadadamente a los dirigentes de la Revolución Francesa, por el hecho de que querían –y no le faltaba razón- prescindir del pasado y esto iba contra la naturaleza humana.
En sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia, advertía de los peligros reales de los procesos revolucionarios, en la medida en que violentaban este organismo que es el Estado; Thiers que había leído a Burke con seguridad, sabía por qué era necesario matar a los comunards y a cuantos más mejor. Lo que ocurre es que cometía el error del niño con la concha del que hablábamos antes: el protagonismo histórico de la Clase Obrera ya no podía ser frenado.
El ejemplo de Thiers tuvo continuación en el gran Lopugin, represor zarista de la Revolución Rusa de 1905, el cual contribuyó a la teoría general de la represión con un nuevo invento, que fue la denominada Centuria Negra, es decir, el primer GAL conocido, que fue concebido en su origen como una fuerza de confrontación civil. Veamos que decía este fino analista, jefe de la policía de su Majestad el Zar de todas las Rusias:
Contra la revolución del pueblo, contra la lucha de clases, no podemos apoyarnos únicamente en la policía, hemos de apoyarnos también en el pueblo, en las clases [...] se trata de atizar el sentido nacionalista, el racial, se trata también de reclutar gente entre los estratos menos instruidos políticamente de la pequeña burguesía urbana y también de la campesina [...] Es necesario crear centurias negras, que agrupen a todos los elementos reaccionarios de la población para la defensa del trono, que transformen la lucha de la policía, en la lucha de un sector del pueblo contra otro sector del pueblo.
De las Centurias Negras, han nacido posteriormente los sindicatos amarillos, los batallones de la muerte, la Triple A, la OAS y una gran cantidad de organizaciones clandestinas, paramilitares, la función de las cuales no era tanto matar revolucionarios como, sobre todo, facilitar la lucha de un sector del pueblo contra otro sector, el caso más palmario lo tenemos hoy en Colombia. Si los señores que fundaron el GAL, hubieran leído atentamente a Lopugin, habrían hecho mejor su trabajo, pero no, eran tan ignorantes como el Sr. Ferran Cardenal.
Las enseñanzas de Lopugin, tuvieron en Durnovo un colaborador y discípulo aventajado, introductor de la prospectiva en el arte de la represión política. Rodeado de una corte de burócratas eficaces. Durnovo hacía el siguiente análisis seis meses antes de la Revolución de Octubre de 1917:
La desaparición completa y definitiva de los partidos de derechas, la absorción paulatina de los partidos intermedios del centro, los conservadores, los liberales, los octubristas y los progresistas por el Partido de los Cadetes, que adquiriría una importancia decisiva [...] Poco después, este partido se vería amenazado por la misma desgracia, entrarían en acción las grandes masas revolucionarias, llegaría la repetición de la Comuna, caería la dinastía, se hundirían las clases poseedoras y los campesinos, convertidos en bandidos, entrarían en escena [...].
Se impone reconocer la corrección leninista del análisis de Durnovo, malgré lui. El Zar no le escuchó, naturalmente, el Zar no era, no podía ser, leninista.
Burke, Thiers. Lopugin o Durnovo eran reaccionarios cultos, inteligentes y lúcidos. El Sr. Cardenal no es nada de todo eso: aceptó el cargo de Director de la Guardia Civil por responsabilidad. Por no saber, no sabe ni sentarse en la silla de su despacho, tal como se vio en el Informe Semanal que me ha servido de inspiración: estaba encogido, crispado, no miraba la cámara y decía banalidades.
3.- Represión política y socialdemocracia.
El Partido socialdemócrata que, en palabras de Sultan Galiev, representa los intereses corporativos de la clase obrera en las naciones burguesas, tiene, también, su propia tradición de teóricos y prácticos de la represión, que se hacen imprescindibles, en la medida en la que los intereses de los trabajadores de los países industriales, necesitan reprimir cualquier intento revolucionario en su seno y mantener el orden internacional, fundado en el intercambio desigual.
Los teóricos de la represión, versión socialdemócrata, empezaron con un acto práctico: asesinar un día de enero a Rosa Luxembourg; Después construyeron la teoría. Esta teoría encuentra su culminación en la figura del Sr. Willy Brandt, el cual es todavía confundido por algunos como un pensador de izquierdas.
La teorización del Sr. Willy Brandt es doble: por una parte, promocionar el consenso internacional, idea que fue recogida en el Informe que lleva su nombre, donde apunta la necesidad de la generosidad por parte de los países ricos hacia los países pobres, y a la flexibilidad de los países pobres a la hora de resolver los problemas demográficos, ecológicos y de creación y distribución de la riqueza. Por otra parte, el Sr. Willy Brandt, no se abstuvo nunca, ni él ni sus discípulos, de utilizar bien la represión pura y dura y, si era necesario, el asesinato político. La prueba la tenemos en la acción llevada a cabo contra los grupos de la izquierda comunista alemana, particularmente la RAF, nacidos a raíz de las revueltas obreras y estudiantiles de la segunda mitad de los sesenta.
El Sr. Willy Brandt, el más eficaz defensor de la continuidad del capitalismo, halló la respuesta a los tiempos que corrían: defender la continuidad del sistema con violencia pero disimulando la cantidad y la calidad de ésta, bajo un lenguaje radicalmente democrático: se ataca y reprime a los violentos, que ponen en cuestión la democracia representativa, el denominado Estado Social y Democrático de Derecho.
Sería un error pensar que la socialdemocracia es el partido político que necesita la clase obrera del Primer Mundo para defender sus intereses corporativos. En la actualidad, la socialdemocracia es, también, la representante de los intereses de los sectores de las empresas transnacionales más dinámicas, más implicadas en las nuevas tecnologías, que necesitan cuadros preparados y que saben positivamente que solo sobrevivirán si reparten un poquitín el pastel de sus ganancias.
La socialdemocracia perdió la ideología hace décadas y cada vez se difumina más con los representantes del neoliberalismo, al extremo que a menudo se hace muy difícil distinguir quien es quien. Ambas corrientes políticas sostienen que el Mercado es el regulador de la economía. Es por este motivo, que los neoliberales y los socialdemócratas se diferencian tan poco, porque aceptan la cuestión fundamental: el carácter supuestamente natural del Mercado.
No podemos olvidar aquello que Trotsky había dicho, hablando de la socialdemocracia en 1906:
Los partidos socialistas europeos y, especialmente el mayor de todos: el alemán, ha desarrollado un conservadurismo que les es propio, como más numerosas son las masas que tiene integradas y como más alto es el grado de organización y de disciplina de estas masas. En consecuencia, la socialdemocracia, que personifica la experiencia política del proletariado puede llegar a ser, en un momento determinado, un obstáculo en el camino de la disputa abierta entre los trabajadores y la reacción burguesa. En otras palabras, el conservadurismo propagandístico socialista de un partido proletario puede, en un momento dado, obstaculizar la lucha directa del proletariado por el poder.
No podemos negar la finura analítica del Sr. Trotsky, cuando todavía desconocía como el intercambio desigual profundizaría el foso entre los parias de la Tierra y las naciones burguesas.
A modo de conclusión
Por todo ello, se comprenderá mi indignación cuando me enteré de la detención de María. Jacques Ruffié, en una obra luminosa, De la Biología a la Cultura, uno de los alegatos más importantes que se ha escrito contra el racismo, afirma:
De hecho, a partir del momento en que aparecen los grupos sociales, el blanco de la selección natural ya no es el individuo, sino toda la sociedad. Lo que importa no es la supervivencia del mejor, del más fuerte o del más agresivo, sino de un conjunto integrado, armónico, de un todo funcional. Un grupo que reúna a individuos fuertes, pero egoístas, violentos, conflictivos, respecto a la selección natural será más frágil que un conjunto coherente en el que reine la armonía y la ayuda mutua.
En este estadio evolutivo, cuenta más el factor educativo que el hereditario. El sacerdote, el profesor o el dirigente sindical, consiguen una influencia más eficaz sobre el grupo social a través del ejemplo, de la enseñanza o de la predicación (con lo que pueden abarcar de una sola vez a una gran cantidad de individuos, y por medio de estos a una cantidad aún más elevada), que por la reproducción. La influencia no se evalúa pues (en la especie humana), según el número de hijos, sino de discípulos.
Y termina diciendo Ruffié:
En el nivel humano, las tendencias innatas tienen menos influencia en la constitución del temperamento que los factores educativos.
Por este motivo, como profesor consciente que intento ser, me sentí agredido como padre, cuando supe que una alumna mía había sido maltratada por la Guardia Civil. Y un padre, cuando le tocan a un hijo se indigna y maldice al autor de la agresión. Esto no se lo perdonaré nunca. Cuando torturan a una hija, quienes lo hacen no merecen respeto moral, por mucha televisión que tengan para justificar lo injustificable y esperen, como el Dr. Goebbels, acabar teniendo la razón a través de la repetición.
24-3-95